Ser la de sede de unos Juegos Olímpicos solía ser un privilegio por el cual las ciudades estaban dispuestas a invertir grandes sumas. Pero este privilegio no siempre es buen negocio. Este video explica por qué.
Si me da curiosidad por saber algo sobre la mitocondria o el ADN, acudo a la ciencia. Pero cuando incurro en el acto cotidiano de sentarme a la mesa y servir una copa de vino, decido ignorarla…
Es preferible, por inofensivo, dejar que los postulados de los filósofos espontáneos entren por un oído y salgan por el otro, que entretenerlos en el cerebro.