Para mí no cabe duda: la existencia de un programa como Sin Filtro es un triunfo histórico de los universitarios en su relación con el gigante televisivo mexicano.
Sedicioso, agitador, calumniador, pícaro, libertino, burdo y farsante. Así era en verdad Jesucristo vocifera un ateo desahuciado, que busca echar al sacerdote…